El tercer día, el jueves, continuamos hasta santa Teresa. Después de una hora llegamos a Challway, el lugar donde estábamos supongo dormir la noche anterior. Acá pudimos comprar agua en vez de agua hervido del campamento – ¡Qué lujo! Continuamos por la selva de las nubes y lluvia, cruzando un río así como observamos cascadas y muchas orquídeas y picaflores. Caminamos hasta una camioneta que nos tomó al sitio para almorzar. Hubo muchas excursionistas allá que fue poco raro. Pero compartimos unas cervezas y jugamos con algunos cachorros y gatitas.
Luego la camioneta nos tomó hasta el lugar de nuestro campamento por la noche. Este paseo pareció más peligroso que todo el resto del viaje – las calles fueron angostos y a un lado hubo una barranca muy abrupta. El chofer tocó la música muy fuerte y manejó muy rápido, a veces necesitaba poner al revés el vehículo y todo el tiempo pareció muy peligroso. Yo sabía que a Stacy no le gustó el paseo en absoluto y yo tenía que estar de acuerdo… A veces me preocupé sobre la vida. Más tarde bromeamos sobre la loca camioneta y lo llamamos “The party bus”.
Aquella noche nos quedamos en un campamento lindo en el pueblo de Santa Teresa. Nuestras carpas estaban en in campo al lado de un bar/restaurante que serví pisco sours así como cerveza y vino. En la noche después de la cena, los dueños prepararon una hoguera pero en aquel momento la mayoría de nosotros estábamos cansados.
Antes de cenar, otra vez subimos en el bus de fiesta hasta algunos baños termales que fueron muy ricos. Hubo 3 piscinas: uno fue poco profundo;, uno fue muy caliente pero tuvo los gringos principalmente, y la tercera fue poco menos caliente y allá hubo la mayoría de los peruanos, incluido nuestro grupo de arrieros, chefs, etc: Juan, Raúl, Cesár, Pedro y Samuel. El agua fue muy rica en mis músculos, y fue la primera vez en tres días cuando me sentí limpio. Después de relajar, jugamos “tig” (al corre que te pillo) y Juancito y Raúl se unieron el juego. Después me sentí poco triste – amo los peruanos y el paisaje en esa país. Ahorita, al tiempo de escribir, estoy triste también porque estoy en avión en el aeropuerto de Lima escuchando el mensaje de seguridad antes de despegar y llegar a Miami. Miré los arrieros y otros jugando en la piscina. Fue la última noche con este grupo de jóvenes.


























